Javier Jaque, Profesor Centro de Estudios Tributarios, Facultad de Economía y Negocios, Universidad de Chile, El Mercurio

Un sistema tributario pudiera definirse como el conjunto de normas, organismos e instituciones que se encargan de resguardar la recaudación fiscal. ¿Su fin? Obtener ingresos para solventar los gastos públicos.

El economista y filósofo Adam Smith, uno de los autores más reconocidos a nivel internacional, en su libro "La riqueza de las naciones" se refiere a cuáles son los principios en los que debería basarse un buen sistema tributario. Estos son justicia o proporcionalidad, certidumbre o certeza, comodidad y economía.

Revisemos en detalle cuál es el rol que juega cada uno.

En el principio de justicia o equidad, corresponde a los contribuyentes aportar al sostenimiento del Estado en una proporción lo más cercana posible a sus respectivas capacidades de ingresos. El principio de certeza o simplicidad determina que los tributos deben ser fijos y no arbitrarios, existiendo claridad acerca de la forma en que deben ser incorporados en las arcas fiscales. Respecto del principio de comodidad, el Estado debe velar para que los contribuyentes aporten sus respectivos tributos y, por último, en relación al principio de economía, la recaudación de los impuestos no debe ser demasiado costosa para el fisco.

Estos principios han estado definidos con claridad por cientos de años, por lo que cabe preguntarse ¿qué hace que los países los vulneren, poniendo en riesgo una recaudación fiscal eficiente?

En nuestro país, no es necesario hacer estudios profundos para sostener que los principios recién analizados no se cumplen a cabalidad. Por ejemplo, altamente discutido es el cumplimiento del principio de justicia o equidad. Un argumento utilizado en el debate es que las distintas erosiones que tiene nuestro sistema desde su origen generan inequidades entre quienes pueden costear asesorías de primer nivel frente aquellos que no pueden hacerlo.

Recientemente hemos sido testigos de que el principio de certeza en los impuestos está muy lejos de poder alcanzarse. La reforma tributaria impulsada por el gobierno anterior no hizo más que complejizar el sistema existente y la pasada Operación Renta es una prueba irrefutable de ello.

Por otro lado, los principios de comodidad y de economía distan mucho de la eficiencia que pudiera esperarse, debido a la gran cantidad de obligaciones accesorias que año a año los contribuyentes deben cumplir, como lo es completar las complejas declaraciones juradas, para que el Servicio de Impuestos Internos (SII) pueda realizar los cruces de la información de los contribuyentes y sus declaraciones.

Lo anterior, sumado a la complejidad actual del sistema, genera que el cumplimiento de las normas tenga un costo muy alto para la administración tributaria. Por esta razón, resulta tan importante contar con un sistema impositivo más simple. El mensaje que entregó la autoridad en la Cuenta Pública, respecto de simplificar el sistema impositivo, va en la línea de lo debemos aspirar a conseguir.

Principio para la política pública fiscal

En el contexto actual, se ha generado una discusión acerca de la carga tributaria, la disminución de la tasa de los impuestos corporativos y la simplicidad del sistema. En este punto, debemos considerar un principio altamente reconocido desde la perspectiva de las políticas públicas fiscales, en que los impuestos no deben generar distorsiones que afecten la capacidad de crecimiento de los países ni al redireccionamiento de las inversiones en una economía globalizada.

Frente a la experiencia de implementación de la reforma tributaria este año, aunque era demasiado obvio y básico pensar que el incremento en la tasa de los impuestos iba a generar una mayor recaudación, también era altamente predecible que el crecimiento del país se iba a frenar, debido al redireccionamiento de inversiones desde fondos internacionales, así como también a la disminución de la confianza e inversión interna, gracias a la falta de certeza del escenario futuro.

Muchos economistas concuerdan en que los impuestos simples, equitativos y justos promueven el crecimiento económico. Sin embargo, las modificaciones tributarias que se han realizado en nuestro país en los últimos 34 años, siendo más intenso el cambio sufrido en la pasada reforma tributaria, han aportado al sistema impositivo una mayor complejidad, oscuridad, discrecionalidad e inequidad, lo que en términos simples representa una falta de eficiencia en la recaudación.

Un aspecto muy importante en el que debiéramos centrar los esfuerzos a nivel país es mejorar los todavía altos índices de evasión existentes. Junto a esto es necesario advertir que mientras menos se cumpla con los principios económico-tributarios expuestos, no podremos desarrollar un sistema impositivo que esté en armonía con el desarrollo del país que se proyecta para los próximos años.

"POR JAVIER JAQUE LÓPEZ, académico del departamento de Control de Gestión y Sistemas de información de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile"


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