José Yañez, Director  Centro de Estudios Tributarios, Facultad de Economía y Negocios, Universidad de Chile, Estrategia

En Chile, este ítem aún es relativamente bajo, particularmente la deuda pública neta. No obstante, lo preocupante es la reciente y acelerada tasa de su crecimiento. Este escenario nos advierte de un déficit creciente en el presupuesto público.

En el último tiempo, los medios de comunicación han destacado el crecimiento de la deuda pública de Chile. Ésta abarca las obligaciones financieras (bonos, préstamos, entre otros) contraídas por el gobierno, a través de las cuales se compromete a pagar intereses y el préstamo original en determinados periodos de tiempo.
Para ser precisos, la deuda pública se divide en primer lugar entre la deuda pública del Gobierno Central, que es la que se relaciona con el financiamiento del presupuesto del sector público e incluye la deuda externa –bonos soberanos emitidos en el exterior y con instituciones multilaterales–, y la deuda interna –bonos de Tesorería–. Y, en segundo lugar, la deuda del sector público consolidado, que abarca la deuda del Gobierno General, a la que se suma la contraída por el Banco Central de Chile.

A días de que se haya presentado el Presupuesto 2018, la tendencia al alza de la deuda pública es la que preocupa, pues ha comenzado a crecer en forma importante. Si al 31 de diciembre de 1991, el stock de deuda pública bruta del Gobierno Central representaba un 37,4% del PIB, esta cifra bajó hasta un 3,9% el año 2007, para luego aumentar a un 21,3% el año 2016; mientras que al mes de junio de 2017, alcanzó un 23,8% del PIB.

En tanto, la deuda neta del Gobierno Central fue negativa en todos los años del periodo 2006 a 2015. Esto quiere decir que éste fue un acreedor neto o sus activos financieros totales superaron a sus pasivos financieros totales. El año 2015 el stock fue de -3,5% del PIB, mientras que el año 2016 alcanzó un 1,0% del PIB, pasando a ser un deudor neto. El stock de deuda bruta del sector público consolidado llegó a un 32,9% del PIB el año 2016 y la deuda neta alcanzó un -2,8% del PIB, es decir, el país se transformó en un acreedor neto.

La importancia de la deuda pública del Gobierno Central radica en que es una fuente alternativa de financiamiento del presupuesto público a la tributación. Ésta permite, por un lado, trasladar el cobro de impuestos de hoy día hacia el futuro, y, por el otro, gastar más que los ingresos que recibe anualmente. Esto quiere decir que la tasa de aumento de esta deuda en este periodo está relacionada directamente con el déficit anual del gobierno.

En base a lo anterior, podemos ver que existen dos beneficios que trae consigo la deuda pública. En primer lugar, permite suavizar la tributación y reducir los efectos antisociales de los ciclos económicos. Y, en segundo lugar, ayuda en el alineamiento equitativo de los beneficios y costos de proyectos de larga gestación, trasladando el cobro de los impuestos hacia las generaciones futuras, alejándolas de las generaciones presentes.

Sin embargo, la deuda pública también trae consecuencias económicas negativas sobre la economía. Por eso, existe tanta preocupación al conocerse las cifras.

¿Cuáles son los efectos de una alta deuda pública? Primero, ésta genera una carga tributaria. Esto se debe a que genera importantes pagos de intereses, los que deben ser soportados por los contribuyentes.

Segundo, las tasas de interés tienden a subir. Cuando la autoridad emite demasiados bonos, genera un endeudamiento excesivo, por lo que aumenta el riesgo de no pago. Esto reduce la demanda por los bonos, provocando la caída de su precio y la disminución de su retorno, lo cual incrementa la tasa de interés.

Tercero, sofoca el crecimiento económico. El aumento de la demanda por crédito de parte del gobierno incrementa el costo de pedir prestado en la economía. Esto vuelve más caro el costo del capital y reduce los proyectos del sector privado que aprueban el análisis beneficio-costo. Esto hace que disminuya la inversión en bienes de capital. Cuando el gobierno pide prestado en el mercado de capitales doméstico genera el efecto desplazamiento. En este escenario, los fondos prestables no van al sector privado y derivan al financiamiento del déficit presupuestario del sector público.

Cuarto, la deuda condiciona el nivel de precios de la economía. La emisión de deuda pública tiene efecto sobre la cantidad de dinero en circulación en la economía, afectando el nivel de los precios. La venta de títulos de deuda pública disminuye la cantidad de dinero en circulación en la economía y el rescate de la deuda pública (amortización de la deuda más los intereses) aumenta la cantidad de dinero en circulación. Esto último puede incrementar los precios, lo cual es reforzado por el aumento en la tasa de interés indicada anteriormente.

A pesar de los efectos producidos por la deuda pública, ésta no debe ser considerada un mal económico. Su existencia permite la realización de grandes proyectos de inversión cuando la capacidad impositiva del país está limitada, permitiendo cobrar el costo de la inversión a las generaciones que se beneficien del proyecto. Sin embargo, hay que tener claro que la deuda pública se transforma en un problema cuando alcanza niveles muy altos, haciéndola insostenible para el país. Por lo tanto, es recomendable minimizar la excesiva dependencia de la deuda pública.

En Chile, este ítem aún es relativamente bajo, particularmente la deuda pública neta. No obstante, lo preocupante es la reciente y acelerada tasa de su crecimiento. Este escenario nos advierte de un déficit creciente en el presupuesto público, por lo que hay que estar atentos.


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